Un año más. De eso se trata de caminar por las calles de Sampacho acompañando la milagrosa imagen de La Consolata, patrona del lugar. El ritual se repite desde 1912 y salvo contadas excepciones, nunca dejó de realizarse.
En el presente año fue igual. Solo que La Consolata transitó por un pueblo totalmente cambiado al paso de los años. Con mejores comunicación, con el mismo templo parroquial convertido en Santuario primero y ahora en Basílica Menor. Pero la historia es la misma. Caminar, peticionar, rezar y…agradecer.

En esta oportunidad, el clima fue totalmente benigno y permitió que hombres y mujeres, niños y adultos mayores se animaran a caminar las 15 cuadras que impone la tradicional procesión.

Y así fue. A su término, el vicario general de la Diócesis Juan Carlos Giordano presidió la Misa del Peregrino.

Para los sampachenses llega aquí el final de una etapa. Haber podido participar de la fiesta mariana más importante de la Diócesis. Ahora resta esperar el próximo 20 de junio y así sucesivamente.

Un pueblo que ama a su patrona, que la venera y que se apasiona por estar con esta bella imagen, es para respetar. De allí la urgente necesidad de dar gracias.

Mingo Amaya