Con motivo de un aniversario más de la Comisión Pro-Templo de Sampacho (creada el 19 de marzo de 1893) va esta anécdota de tiempos en que la agrupación estaba integrada por numerosas personas mayores. El único más joven era yo (algo más de 30 años) y testigo de este episodio.
La Diócesis se preparaba para su 50º aniversario y anunció desde Río Cuarto con bombos y platillos que en la celebración central se iba a contar con las imágenes auténticas de La Consolata de Sampacho y el Santo Cristo de Reducción.
En Sampacho se armó un revuelo porque trasladar la imagen mayor suponía un movimiento inusitado de personas tomando como base que en agosto de 1979 se llevó y generó múltiples inconvenientes para la Pro-Templo. Primero el riesgo, segundo la imagen ya estaba caratulada como única en el mundo, una joya a la que había y hay que preservar y encima la organización pedía que se quedara unos días en Río Cuarto. Tamaño desafío. Refunfuñando nos fuimos a Río Cuarto una noche de agosto de 1984 para ver donde se guardaría. (Por su tamaño no había puertas de los templos por donde ingresarla. A su vez, las calles con tanto cable bajo hacían imposible pensar en ir procesionalmente al estadio de Estudiantes donde se iba a desarrollar la ceremonia central. Discutimos pero optamos por acceder a llevar «La Consolata grande».
En el santuario de Fátima había un lugar, hicimos mediciones y era posible. Bueno…abreviando llegamos de noche el martes 7 de marzo de 1984 para que en Sampacho no se pongan mal que les llevábamos la patrona. Hacía frío.
Fuimos en un camión con acoplado cedido por Beto Buffarini y una columna de vehículos. Y allá armamos semejante imagen. El jefe de policía de Río Cuarto accedió a dejar una custodia las 24 horas mientras La Consolata estuviera allí por pedido nuestro.
A las 12 de la noche la imagen estuvo lista, armada y ornamentada.
«Bueno muchachos, vamos?» dijo el padre Miguel en tono suave y lento. Raro en él que hablaba siempre rápido a 110 kms por hora.
«Bueno…vamos…» dijimos con pocas ganas. Y bueno muchachos, le rezamos. Esos hombres de campo curtidos, de manos callosas como Norberto Loser, Segundo Rossi, Miguel Gregorat, Titi Cappellari, Chicho Mores, Isidro el «Colorado» Mores, Don Osvaldo Sámiz, Ricardo Coser y Luis Bosco por mencionar algunos de los inolvidables, nos abrazamos y rezamos una y otra Ave María. Y allí salió desde el fondo de nuestro corazón con voces de hombres que querían disimular que lloraban, el místico «Mille Volte Benedetta…Oh dolccísima María…» «Ma’ Sampacho cara madre…» y allí la dejamos. El trayecto a las 3 de la mañana a Sampacho fue en un silencio total. Cuando ingresamos al camarín que supuestamente estaría vacío, alguien, nunca supe quien, había dejado una imagen de esas de yeso chiquita de las tantas que hay en las casas y un letrero de papel escrito a mano que decía. «Para que este trono no esté vacío»…
En todos los días en que La Consolata mayor estuvo en Río Cuarto, sin tanta red social, ni mensajes ni nada, desde las 8 de la mañana hasta las 12 de la noche en que la policía nos sugería cerrar, siempre hubo organizados grupos de oración de sampachenses rezando.
El 10 de agosto de 1984 nació allí en Río Cuarto mi hijo David, a quien encomendamos a nuestra Consolata y que hoy forma parte de un equipo que la pelea todos los días con este virus que nos quería la vida llamado Covid. Pero a mis queridos vecinos de Sampacho, les digo que me queda la imagen de las lágrimas de esos viejos gringos del campo que lloraron junto a mi cuando en la noche de Río Cuarto la dejamos al cuidado de la guardia policial …y por supuesto de un tal Jesús su Hijo.
La Comisión Pro-Templo es una de las más antiguas de Sampacho y de la región.
Mingo Amaya

