Continuando con los recuerdos de máquinas inolvidables que rodaron en esta región, vale el recuerdo de un auto que se destacaba por su agilidad y velocidad. Es más. En su tipo nada lo superaba. Podemos decir que hoy es uno de esos recuerdos con la nostalgias y el pensamiento de expresar que los autos también son seres vivientes que nos acompañan, nos llevan en esos viajes maravillosos que en cierta manera, formaron parte de muchas familias.

Una flecha roja

Esta historia es real y en mis primeros tiempos como aprendiz en la firma Rodel S.R.L. de Sampacho lo pude comprobar allá por los años 64 o 65. Una familia de Las Vertientes poseía un Rambler Custom 660 1964 «boca de pescado» de un color rojo infernal que brillaba bajo el sol.

La máquina estaba muy bien cuidada y generalmente el que la conducía era el joven Servando de Las Vertientes. (El apellido no viene al caso). Pero este auto era una maravilla. Ágil, el más veloz de toda la región. Un auténtico reloj. Es más. Una vez vinieron inspectores de la Industrias Kaiser Argentina (IKA) de Santa Isabel a verlo …y a probarlo. Se quedaron maravillados. No supieron precisar cual era la causa del rendimiento de este auto poderoso que además era muy bonito y Servando lo cuidaba muy bien, a pesar de andar siempre rápido.

Lo cierto es que nadie supo nunca cual era el secreto hasta que por fin el mismo se pudo develar. El causante de este rendimiento de un motor Continental 6 cilindros en línea era nada más y nada menos que…¡el carburador!!!.

Por un hecho fortuito se cambió el mismo y el auto dejó de ser ese reloj infernal. Vuelta a poner su carburador original y el Rambler de Servando volvió a ser esa auténtica joya mecánica que después de tantos años hoy nos damos el lujo de recordar.

La terminación original de ese auto era fantástica con tapizados en cuerina rojo y blanco, al igual que los paneles de las puertas y tablero de riguroso rojo. Una belleza que era capaz de levantar tranquilamente hasta los 170 kilómetros/hora. Bien valía la pena recordarlo y en especial aquellos que tuvimos el gusto de manejarlo.

(Héctor Mingo Amaya)