Fabián Calzari el jinete de Río Cuarto afincado en Río de los Sauces, pudo cumplimentar su promesa de unir los pagos donde nación y creció José Gabriel Brochero, más tarde canonizado como el santo cordobés.

Con apenas dos caballos, uno de montar y el otro de carga (ambos se llaman Poncho y Pancho), comenzó a desandar los mismos caminos que hace cien años vieron al niño que más tarde sería el sacerdote más venerado de toda la Argentina. Partió de Carreta Quemada, luego pasó por Santa Rosa del Río Primero y así llegó a Córdoba. Después vendría el desafío mayor. El cruce del Comechingones por el llamado «Camino Viejo» que fuera creado por el curita.

El macizo serrano lo vio pasar. A veces silbando, a veces cantando, a veces rezando Fabián marchaba firme hacia su objetivo que era llegar a Villa Cura Prochero.

Durante el viaje las vivencias fueron emotiva. Siempre encontró cobijo tanto para él como para los dos caballitos que parecían entender cual era la meta de su dueño. Sin forzar la marcha, Poncho y Pancho caminaban alrededor de 40 kilómetros podía.

Así dejaron atrás las sierras grandes. Igual que Brochero. Pasaron por senderos hermosos, arroyitos de agua cristalina ytan fresca que invitaba a beber. Esas hermosas aventuras de cualquier raidista a caballo se volvían realidad cuando por fin la silueta inconfundible del Santuario de Brochero apareció hacia el oeste. Hubo un encuentro con su hijo que lo fue a buscar y ya vestido con sus pilchas de gala, recibió la bendición en la misa celebrada en ese templo histórico.

«Vine a dar gracias por todo lo que la vida me ha dado», expresó con emoción este criollo que sabe de otras epopeyas similares montado en sus caballos , siempre bendecido bajo la mirada del santo cura cordobés que lo guió en esta hermosa aventura.