En su homilía de la misa central de este 1º de mayo en Reducción, el obispo Adolfo Uriona manifestó su preocupación al destacar que » hoy en nuestra patria nos duelen los índices de desocupación nos siguen doliendo hace tiempo que vivimos esto; por ello como señalaba San Juan Pablo II,  el trabajo es un derecho fundamental y un bien para el hombre. La desocupación es una verdadera calamidad social; el trabajo es un bien de todos que debe estar disponible para todos».

Al dirigirse a los peregrinos en su homilía, Uriona señaló que los que peregrinan al Señor de la Buena Muerte en este santuario hermoso de Reducción, es un lugar donde la fe se hace historia y la devoción se siente en el fervor de los peregrinos.

«Con mucha emoción veía tantos jóvenes caminar en una peregrinación que es muy dura, es difícil hay que ir por el costado de la ruta es realmente árduo, es un camino duro para poder llegar al Señor de la Buena Muerte con una meta muchos de ustedes movidos por esa fe han hecho un largo trecho a pie a fin de encontrarse con el Cristo que los estaba esperando amorosamente con sus manos clavadas al madero y sus brazos abiertos».

 «El peregrinarnos recuerda que la vida del hombre es un caminar hacia una meta: la casa del Padre; venimos al santuario a tomar gracia y a pedir la fuerza para continuar con fe, el trajinar de la vida sostenidos por la esperanza de alcanzar un día esa meta. En nuestra marcha no caminamos solos,  lo hacemos con otros y eso nos ha de comprometer a acompañar y ayudar a los hermanos que están a nuestro lado con verdadero espíritu de solidaridad el Cristo crucificado es también el Cristo resucitado, con su presencia silenciosa,  nos recibe con amor, escucha nuestras plegarias, consuela nuestras penas y nos da ánimo para seguir adelante en la vida, en medio de las numerosas dificultades que vivimos todos los días».

«Como decíamos en este día, también celebramos a San José Obrero el padre adoptivo de Jesús que trabajó con sus propias manos y así lo enseñó a su hijo la iglesia por tanto lo proclama como patrono de los trabajadores;  particularmente rezamos por todos ellos por sus esfuerzos y fatigas y también por aquellos que están buscando trabajo».

«La palabra de Dios en el Evangelio de Mateo que acabamos de escuchar nos sitúa en Nazaret, nos sitúa en el lugar donde Jesús vivió la mayor parte de su vida y donde sus compatriotas, los vecinos se preguntaban ¿de dónde saca esta sabiduría? ¿no es este el hijo del carpintero? en esa pregunta hay una paradoja Dios eligió revelarse no en un palacio sino entre virutas de madera y herramientas de trabajo.  San José nos enseña que el trabajo es una forma de participar en la creación de Dios. Jesús aprendió a usar sus manos para construir, antes de usarlas para bendecir, para consolar, para curar y finalmente para ser clavadas en la cruz».

«La oficina, el campo, el taller, tu casa, ha de ser tu segundo altar allí donde trabajas ganándote el pan allí está Dios. San Pablo también nos decía por encima de todo revístanse del amor que es el vínculo de la perfección; la fe no es algo que dejamos al salir de este santuario;  la fe se lleva puesta con nosotros se lleva puesta en el trabajo en el overol, en el trato con el compañero,  en la honestidad de nuestros negocios. Pablo es fundamental y radical, lo dice lo que hagan, háganlo de corazón como para servir al Señor y no a los hombres si trabajamos pensando que nuestro patrón final es Dios la calidad de nuestra vida cambia por completo. ¿Por qué mirar al Señor de la Muerte en el Día del Trabajador? ¿Cómo relacionar estas dos cosas? porque la cruz fue la obra definitiva del Señor, podemos decir que es la culminación del trabajo que le dio el Padre su muerte redentora es la manifestación última de una vida entregada por el Reino y que trajo la salvación a toda la humanidad. Por eso Cristo en la Cruz nos enseña que el esfuerzo humano tiene un sentido redentor;  cuando el cansancio nos pese miremos al Señor de la Buena Muerte Él sabe lo que es el agotamiento pero también sabe lo que es la victoria del amor entonces en este santuario donde tantos fieles vienen a depositar sus penas y esperanzas pidámosle fundamentalmente dos cosas: la posibilidad de un trabajo digno para todos.

La iglesia a través de su doctrina social ha insistido constantemente entonces lo primero le pedimos un trabajo digno para todos, lo segundo que tenemos que pedirle siguiendo lo que nos decía San Pablo es la paz y me impacta como el Papa León XIV no se insiste en la paz no solamente por las guerras que hay en otras partes del mundo sino la paz en nuestro corazón, en nuestras familias, en nuestra sociedad la necesitamos imperiosamente. San Pablo decía que la paz reine en sus corazones que todos trabajemos por la paz y nos dispongamos a realizarla en el pequeño ámbito de nuestra vida, que María Santísima nos proteja, San José Obrero interceda por nosotros y que el Señor de la Buena Muerte nos colme de la esperanza que nos trae el resucitado, Amén.

Fotos: Bibiana Moreira